La redacción de un currículum siempre ha generado dudas sobre cuántas páginas debe tener, si se incluye o no la edad, el sexo, el tipo de foto, etc. Lo cierto es que sólo tendrá sentido si se muestra una información completa y lo ideal es que sea resultado de un proceso de desarrollo profesional en el que se haya diseñado una fase de autoconocimiento, con delimitación de objetivos y creación de un plan con estrategias y herramientas de comunicación y visibilidad, tratando al currículum como una herramienta más.

Dicho esto, hoy en día cada vez se habla más del currículum social. Numerosos institutos y facultades de Estados Unidos demandan a sus alumnos que hagan un periodo obligatorio de servicios sociales y concluyan sus estudios.

Esto se plasma en un apartado concreto del expediente académico, bajo el título ‘Community Service Hours’, que en español sería ‘Experiencia de voluntariado’, apartado que incluso ya viene reflejado en la famosa red social de LinkedIn.

De esta forma, los profesionales tienen un currículum vitae social con la descripción de su contribución a la comunidad, demostrando compromiso sobre determinadas causas y personas.

La realidad también nos dice que esta responsabilidad social, en muchos países, tradicionalmente no ha estado asociada al perfil académico y laboral. La razón de ser de esta nueva conciencia tiene su base en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) descritos por las Naciones Unidas dentro de su Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, reclamando la aceptación de determinadas medidas para poner final a la pobreza, preservando el planeta e intentando que todas las personas puedan disfrutar de paz y prosperidad.

A raíz de esto, ya son muchas las organizaciones que han tomado medidas para propulsar la búsqueda de estos objetivos y que han avivado a que sus trabajadores se impliquen de alguna manera en este bonito reto. La idea es que asuman una posición más haya del voluntariado y se conviertan en ‘social changers’, personas aptas para impulsar de manera conjunta una transformación cultural mediante la inteligencia colectiva que sea capaz de crear un mundo mejor.

Así, los objetivos de Naciones Unidas son concretos, medibles y evaluables a través de los algoritmos que su propia plataforma muestra, cuantificando las horas dedicadas por persona, describiendo su grado de contribución en la búsqueda de esos objetivos. Igualmente, las empresas a partir de esta información, generan informes corporativos, los currículum vitae sociales vinculados a cada empleado para que a la vez sea útil impulsando las carreras profesionales.

En paralelo, los responsables de recursos humanos se fijarán cada vez más en candidatos que cuenten con este CV social, y dejen claro su responsabilidad para estar alineado con los retos del planeta.

Es bonito ver como se pueden organizar objetivos y concretar plantillas de trabajadores que se involucran en iniciativas por temáticas, profundizando mucho más en ellas. Claramente, las compañías valoran a los profesionales que dedican su tiempo con estas iniciativas, sobre todo cuando son respaldas por sus propios compañeros y han tenido impacto social, lo que deja ver que son personas intraemprendedoras con habilidades y liderazgo suficiente para obtener resultados con una gran idea.

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