La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) calcula que la producción agrícola debe aumentar en un 60% para 2050 con el objetivo de alimentar a una población que llegará a diez mil millones de personas. A la superpoblación debemos añadirle las consecuencias del cambio climático y que la superficie dedicada a la agricultura ya no puede incrementarse más, por eso la eficiencia de los sistemas agrícolas vendrá marcada por el desarrollo de la tecnología.

La agricultura constituye un sector clave para nuestra economía que debe enfrentarse en los próximos años a importantes desafíos. Se desarrolla en un mercado global y bajo un marco normativo europeo complejo que exigirán aumentar la productividad y competitividad de manera sostenible, respondiendo a las demandas de una sociedad preocupada por el cambio climático y la escasez de recursos naturales. “Fomentar la agricultura de precisión, la agricultura de conservación, los productos y soluciones de sanidad vegetal o la edición genética permitirán aumentar la productividad de alimentos seguros y optimizará la competitividad de la agro economía española”, explica Manuel Fuertes, CEO de Kiatt, organización internacional dedicada a la creación sistemática de nuevas empresas tecnológicas y científicas, generando innovadores modelos de crecimiento empresarial y social.

La inteligencia artificial permite a los productores una mayor trazabilidad de sus cultivos y les permite conocer el momento óptimo para sembrar, regar, fertilizar o cosechar. La información acerca del estado de las cosechas se obtiene en tiempo real para analizar la evolución de indicadores como temperatura ambiental, humedad del suelo, presión atmosférica, vigor de la planta, precipitaciones sobre el terreno o velocidad del viento.

Otro de los retos es el consumo de agua que es un bien escaso en todo el mundo y especialmente en España, donde en los últimos años se han vivido varios episodios graves de sequía. El cambio climático ya ha afectado negativamente al sector de la agricultura en Europa y esto continuará en el futuro. Los cambios en la temperatura y las precipitaciones, así como los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos, ya están influyendo en el rendimiento de los cultivos y la productividad del ganado en Europa.

La capacidad de innovar es uno de los factores determinantes de un territorio para mejorar su productividad, su competitividad y favorecer el tránsito hacia una estructura económica capaz de generar un alto valor añadido. En la agricultura que viene la trazabilidad y la autenticidad de los productos debe de estar garantizada. Producción sostenible, con un uso racional de los recursos y sin comprometer los bienes naturales para generaciones futuras.

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