La formación bruta de capital fijo de las empresas españolas comenzó a reponerse a partir del año 2014, correspondiendo con la salida de la crisis económica, pero sin llegar a obtener los niveles anteriores a la recesión. Así lo ha señalado el Banco de España en un artículo llamado “La inversión y la financiación de las empresas no financieras españolas”.

El Banco de España que absorbe información de la Central de Balances, que a su vez tiene las cuentas anuales de unas 600.000 empresas, señala que la inversión productiva de las empresas españolas habría crecido entre 2000 y 2007, en términos nominales, a un ritmo medio del 10% anual.

Así, dicho banco apunta a que 2018 es año de recuperación económica, con tasas anuales de avance de la inversión productiva comprendidas entre el 5% y el 10%, aunque en 2016 ya se había mostrado resarcimiento a niveles parecidos a los anteriores a la crisis.

Es de destacar que durante la crisis, la inversión de pymes se redujo en mayor medida que la realizada por las grandes empresas, salvo en 2014 que se recuperó de forma “más intensa”.

Los datos sobre inversión aclaran que la fortaleza de la posición financiera y de la rentabilidad están íntimamente relacionadas con la decisión de inversión empresarial, fundamentalmente durante el periodo posterior a la crisis.

Sobre las fuentes de financiación utilizadas, las empresas con inversión neta positiva acudieron (de 2000 a 2016) a fondos propios y ajenos, aunque el peso de los ajenos se vio disminuido a partir de 2008. De esta manera, los fondos propios mediante la ampliación de capital y acudiendo a beneficios, fueron desde ese año la principal fuente de financiación.

En este sentido, el Banco de España ha mostrado cómo en este último periodo con mayores obstáculos para disponer de financiación ajena y con una fuerte concentración de la deuda empresarial, las empresas más activas continuaron financiando parte de sus inversiones con recursos ajenos, aunque en menor cantidad que en años anteriores.

En el lado opuesto están las sociedades, cuya inversión neta ha sido negativa o nula, con recursos propios que fueron la principal fuente de captación de pasivos durante el periodo analizado. El resto de pasivos si que mostró un aumento de poca relevancia (entre 2000 y 2007) o reducciones, como consecuencia de los procesos de desendeudamiento que sobresalieron a partir de 2008.

Para el caso de las empresas que invierten en intangibles como software informático, bases de datos o I + D, que hasta 2007 se sufragaban con recursos tanto propios como ajenos, con la crisis se sometían casi de forma única de los fondos propios.

Por último, según el Banco de España, lo anterior indica posibles dificultades para acceder a financiación ajena a empresas con alta densidad de activos intangibles.

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