En los últimos años se han elaborado distintos planteamientos para “ambientalizar” el sistema tributario español. Se trata de incentivos fiscales para conseguir inmuebles más eficientes.

Es ahí cuando se han producido distintas señales en busca de regular una fiscalidad ambiental. Reseñar la propagación hace décadas por parte de la OCDE del principio de que “quién contamina paga”, a la teoría del doble dividendo y lo más reciente, la teoría de la “reforma fiscal verde”.

Esta última pretende conseguir aumentar la tributación medioambiental a través de la recaudación para reducir los tributos directos y aquellas cargas que puedan frenar la creación de empleo y el crecimiento económico.

Un importante deliberación se produjo en la pasada 19ª Global Conferencia on Environmental Taxation. Allí convivieron representantes del Ministerio de Transición Energética, de la Agencia Estatal de Administración Tributaria, de la Comisión Europea y de la OCDE. En total, 130 congresistas de 23 países distintos debatieron sobre los desafíos procedentes de la concentración urbana y del incremento del transporte.

Destacar que una de las sesiones estuvo centrada en los beneficios fiscales para la consecución de los objetivos medioambientales, estando el principal foco de atención puesto en la oportunidad de “ambientalizar” el IRPF para promover la mejora de la eficiencia energética de las viviendas y la movilidad sostenible.

Medidas

El IRPF, aunque en algunas Comunidades Autónomas ya se está haciendo, se podría aprovechar mejor para conseguir un mayor incentivo en los casos de inversiones tendentes a modernizar la eficiencia energética de los edificios.

Así, el Gobierno ha llegado a comunicar una futura mejora de la reducción del impuesto por arrendamiento de viviendas para aquellas casas con una deseable calificación energética. Por otro lado, en cuestiones de movilidad sostenible si hay ya una normativa vigente del IRPF con medidas enfocadas al fomento de la utilización del transporte púbico y de los vehículos energéticamente eficientes.

Aún así, ante el aumento de la congestión de trafico y contaminación atmosférica, seguramente sean necesarias medidas más intensas para promover el transporte sostenible, como por ejemplo pueda ser incentivos fiscales para la adquisición de bicicletas o patinetes.

En definitiva, la idea más trascendental no es otra que la existencia de incentivos positivos en los tributos tradicionales para dar forma a una interesante oportunidad para convencer sobre la necesidad de favorecer conductas que protejan el medio ambiente.

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