Se dice que comunicar es un arte y que saber escuchar, es un gran arte. La capacidad de atender es el elemento más fundamental para crecer no sólo personalmente, también profesionalmente.

La escucha deber ser activa, siendo hoy un concepto básico en cualquier diagnóstico de liderazgo. No es una tema de evaluar, juzgar o descalificar, se trata de comprender la realidad tal como es y así disfrutar de un aprendizaje continuo. Las cosas son muy distintas según el contexto y debemos estar abierto a asimilar situaciones como nuevas, no aferrándose a pensamientos del pasado.

Un líder con experiencia tiene que ser capaz de escuchar y disponer de la ventaja de comprender a mayor velocidad cuáles son las situaciones de cambio, atendiendo a las condiciones de los interlocutores y a poder ser, anticipándose a lo que viene.

A continuación, vamos analizar las cinco niveles que se necesitan para escuchar como un auténtico líder:

Percepción holística

Hay que atender a lo que dicen las personas pero también a lo que no dicen. Consiste en prestar atención a lo que está hablando para entender el mensaje con mayor precisión pero también poner el ojo en las acciones no verbales. En las cosas que no se dicen también hay mucha información que ayuda a entender mejor lo que se quiere transmitir.

Interpretación contextual

Toda comunicación tiene un contexto, por lo que no sólo nos debemos quedar en el asunto. El análisis debe estar centrado en el entorno y no en la apreciación histórica de dicho contenido. Hay que aplicar lógica y coherencia, los detalles nos deben llevar a una interpretación única y concreta del mensaje.

Emoción condicionante

Durante la comunicación surgen sentimientos y son fruto de los antecedentes lo que puede conllevar errores o malas interpretaciones. Debemos ser capaces de detectar dichas impresiones y separarlas para comprobar la realidad. Hay que estar abierto a nuevas emociones y uno no se debe anclar en el pasado.

Respuesta relativista

Hay que implicarse en acciones que impidan los juicios absolutos sobre la intervención del interlocutor. Los juicios de conducta provoca escuchas de calidad simplificada. Lo que se debe comprender es la intención que tiene la persona que nos habla, valorando que se pueden comportar de forma distinta según el momento.

De esta manera, la escucha activa implica una visión sistemática, contextual, relativista que no debe estar condicionada por las emociones y juicios que impidan asumir la realidad tal como es.

Hay que recordar que toda moneda tiene dos caras y todos tenemos la necesidad de hablar y ser escuchado, siendo uno de los grandes retos de la sociedad actual, valorar a los demás como una fuente de conocimiento.

 

 

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